lunes, 21 de julio de 2014

Los progres y el budista

Imaginemos por un momento que un Obispo católico dirigiera un mensaje desde la tribuna de algún congreso local, por ejemplo, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Que un diputado lo hubiera invitado y este Obispo, después de rezar con los legisladores, les impartiera la bendición. ¿Qué reacciones suscitaría ese evento? No cuesta trabajo suponerlo. De entrada, la comentocracia progresista pondría el grito en el cielo: veríamos artículos en los principales diarios de este país censurando la violación al Estado laico e invocando a Benito Juárez y al principio histórico de separación entre Iglesia y Estado. Los diputados opositores al que lo llevó estarían ya pidiendo su desafuero, por faltar presuntamente a la laicidad del Estado consagrada en el 40 constitucional. Twitter sería un hervidero en donde se atacaría con furia al Obispo, a los diputados, al mensaje, al rezo y hasta a la bendición. Pulularían desplegados de “intelectuales” en los principales periódicos exigiendo sanciones ejemplares. Surgirían de la nada asociaciones civiles criticando la injerencia del clero en asuntos públicos. El rasgadero de vestiduras sería verdaderamente espectacular.

Nada de eso ocurrió, sin embargo, cuando un monje budista acudió la semana pasada a la Asamblea del DF  a dirigir una meditación a los diputados locales. Este ministro usó la tribuna más alta de la ciudad para orar junto con los asambleístas, quienes por un momento olvidaron sus diferencias ideológicas y partidistas, cerraron los ojos, unieron las manos, y elevaron sus plegarias al cielo. Quizá el hecho de que este ministro religioso haya sido un líder budista, y no un Obispo católico ---muchos de nuestros progres más que laicos son cristianofóbicos, hay que decirlo—haya sido el motivo para que ninguna reacción en negativo se hubiera producido.

Pero más allá de la incongruencia de muchos laicistas y progresistas de nuestros días, la reflexión de fondo es otra. ¿Hizo daño que este monje, llamado Gyalwang Drukpa, haya orado con los diputados locales? La realidad es que no. Como tampoco hubiera hecho daño que un rabino judío, un imán musulmán o un sacerdote católico hubieran hecho lo mismo, siempre y cuando, claro está, no existiera una confusión entre lo religioso y lo político y estas dos esferas no se invadieran mutuamente. El monje budista dirigió un mensaje de paz a los diputados locales, algo que en lo más mínimo viola la laicidad del Estado, ni mucho menos supone una coacción para los que no son budistas. El problema es que en nuestro país se ha confundido la legítima y necesaria autonomía entre lo espiritual y lo temporal con la pretensión autoritaria por erradicar lo religioso de la esfera social.

Una auténtica libertad religiosa reclama garantizar que creyentes y no creyentes puedan convivir sin mayores sobresaltos. El Estado no debe imponer religión alguna, pero tampoco debe de ir más allá y aspirar a que la sociedad no tenga ninguna creencia. Eso es decisión de cada persona en lo individual. Un auténtico Estado liberal respeta las creencias de sus ciudadanos y no las persigue ni las ve con desconfianza. Filósofos de la talla de Alexis de Tocqueville, agnóstico él, han señalado que las sociedades religiosas tienden a ser más libres, civilizadas y, en consecuencia, más proclives para la democracia, ya que la fe en Dios evita que se caiga en la tentación de divinizar a un gobernante en particular, lo cual es el germen del totalitarismo; la fe en una esperanza superior, decía este ilustre pensador liberal, pone al gobierno en su justa dimensión y limita al Estado en su pretensión por buscar el dominio pleno sobre el ser humano con el pretexto de ayudarlo a construir su felicidad. Cuando esta fe en una esperanza superior decae por el relativismo, surge entonces el mito de la esperanza total en el gobierno; el Estado se convierte así en el único referente ético y moral.

Por eso es que el Estado no debe ver a la religión como una potencial fuente de conflictos –como presupone el laicismo radical—sino como una oportunidad para generar redes solidarias que aporten elementos éticos muy valiosos para el bien común. La laicidad del Estado consiste, precisamente, en que todos los ciudadanos puedan expresarse sin cortapisas y sin más límites que el mantenimiento del orden público; la verdadera laicidad defiende la diversidad social frente aquellos que quieren imponer pensamientos únicos o, peor aún, atribuirse el monopolio de lo que se debe discutir en la arena pública. Por lo tanto, bien hizo la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, una ciudad con inmensos problemas y con una violencia a flor de piel, en llevar a un hombre espiritual a hablarles a nuestros representantes sobre la importancia de construir la paz.

sábado, 4 de enero de 2014

El infierno norcoreano

La noticia pasó casi desapercibida. Estrenando año nos enteramos que el tío del actual dictador norcoreano Kim Jong-un fue ejecutado acusado de “traición a la patria”. Este personaje, de nombre Jang Song-thaek, había sido hasta entonces el número dos del régimen comunista de este país. Además era tío del dictador. Pero lo peor no acaba ahí. La forma de llevar a cabo la mencionada pena capital fue verdaderamente dantesca: el acusado fue devorado vivo por 120 perros de caza que habían estado tres días sin comer.

Hechos como éste no son aislados en una nación que lleva más de sesenta años sojuzgada por un régimen de terror. Se calcula que existen alrededor de 250,000 personas prisioneras en campos de concentración en donde son sometidas a infinidad de vejaciones y malos tratos. En efecto, informes de organismos defensores de derechos humanos señalan que todo tipo de atrocidades ocurren en estos lugares, desde los fusilamientos públicos y masivos, hasta las muertes por inanición, pasando por el asesinato de bebés, las torturas más espeluznantes o los castigos, por parte del gobierno, a los familiares y descendientes hasta en tercer grado de quienes están acusados de algún delito.

La tiranía estalinista que se padece en Corea del Norte es, además, hereditaria. Kim Jong-un, “El Brillante Camarada”, es nieto del fundador del régimen, Kim Il-sung, “Supremo líder” y “Presidente eterno”, e hijo de Kim Jong-il, “El Querido Dirigente”, quien también gobernó hasta su muerte, hace ahora dos años. El calendario que se utiliza en Corea del Norte empieza en 1912, año del nacimiento de Kim Il-Sung, cuya efigie todos los habitantes deben portar en la solapa, de la misma forma que deben acudir a rendir honores con asiduidad a su momia embalsamada.

Nadie puede entrar ni salir de este país. El acceso a internet es para menos del 1% de la población, sin duda los más altos dirigentes del Partido de los Trabajadores, el único legal. Es obviedad decir que no hay medios de comunicación más allá de los estatales, ni empresas privadas. El Estado tiene un control absoluto sobre la población y decide lo que ha de aprender, leer, escuchar, y comer. La economía es totalmente autárquica y las hambrunas son comunes, se calcula que varios millones de personas han perdido la vida a causa de ellas.

Esta realidad contrasta con la de la otra Corea, la del Sur, país libre y con una próspera economía de mercado, hoy convertida en una potencia mundial. Hasta los años cuarenta del siglo XX eran un mismo Estado. Los números no mienten: mientras el PIB per cápita en Corea del Sur es de 32,400 dólares, en el Norte es de tan sólo 1,800. La esperanza de vida al nacer en el Sur es de casi 80 años, en el Norte no llega ni a 70. En Corea del Sur mueren en promedio 4 de cada 1000 niños que nacen, en Corea del Norte son casi 30.

En Corea del Norte la realidad supera a la ficción. Las peores profecías totalitarias hechas por George Orwell en su célebre 1984 han encontrado en este país un cabal cumplimiento sin que se vislumbre la más mínima esperanza de poder cambiar pronto ese estado de cosas.

lunes, 26 de agosto de 2013

La narrativa frustrada

Durante mucho tiempo ha existido en México una especie de creencia colectiva, profundamente arraigada en la opinión pública, de que el PRI sí sabe gobernar. Que frente a la impericia e inexperiencia de los otros partidos, los priistas tienen oficio, son  buenos operadores, resuelven problemas públicos, mantienen el orden y la estabilidad con mano firme. La efectividad política ("Peña cumple") siempre ha sido uno de los atributos que los priistas venden como propio y exclusivo.

Pero ese mito de la eficacia priista parece entrar en crisis. La semana pasada nos mostró que la incapacidad y torpeza de este gobierno comienza a tornarse preocupante. Sus errores ya no son los normales de un gobierno que apenas lleva 9 meses de gestión. Más bien reflejan una ineptitud que comienza a ser recurrente y sistemática.

Ese PRI y ese gobierno supuestamente expertos en garantizar el orden no fueron capaces de prever que la CNTE iba a bloquear los accesos al Palacio Legislativo de San Lázaro, zona federal, después del "aviso" que ya habían dado irrumpiendo violentamente en el mismo dos días antes. Ese PRI y ese gobierno que aparentemente se caracterizan por el oficio político no pudieron negociar con los líderes magisteriales y evitar el conflicto. Ese PRI y ese gobierno que dice mover a México se doblaron ante el chantaje de los violentos y retiraron la ley del servicio profesional docente.

Pero no solamente los vergonzosos sucesos relacionados con el caos múltiple causado por los pseudo maestros pone en tela de juicio el mito de la capacidad de gobierno de los priistas. También los datos duros que vienen de la economía. Peña Nieto y el PRI recibieron un país con una economía sólida, estable y en crecimiento, pero en nueve meses de gobierno todos los indicadores han empeorado. La tasa de desempleo muestra su nivel más alto desde enero. La inflación ya rebasó las expectativas planteadas por especialistas y por el Banco de México. El registro de inversión extranjera directa reportó salidas de capital por más de 1,500 millones de dólares. La propia Secretaría de Hacienda bajó su pronóstico de crecimiento anual del 3.1 al 1.8 por ciento. Los economistas ya hablan de recesión.

Y de seguridad, mejor ni hablemos. Baste decir que los asesinatos, secuestros y extorsiones no solamente no han mejorado en estos nueve meses, sino que están sensiblemente peor, con el agravante de que ahora no se percibe una estrategia clara y distinta al respecto, como sí la había en el gobierno de Felipe Calderón. Y en cambio sí pasa algo que antes no: proliferan policías comunitarias y grupos de autodefensa por todo el país ante la inacción de la autoridad.

La narrativa otrora imperante de que los priistas gobernaban bien y sabían hacer las cosas hoy se cae por su propio peso. Se convierte en una narrativa frustrada, a todas luces falsa. Con todo el poder en sus manos el PRI gobernó en México durante siete décadas con cierta eficacia derivada de la ausencia de equilibrios, más no necesariamente con calidad. Hoy ni eficacia ni calidad. Los priistas no son capaces de administrar lo público en un escenario donde impera el pluralismo, los pesos y los contrapesos, la acotación del poder, los órganos autónomos. En esa cancha el PRI no sabe jugar.

domingo, 28 de abril de 2013

El PAN y el Pacto por México

El 2 de julio de 2012 los priistas se amanecieron con una realidad bastante menos venturosa que la que imaginaban el día anterior: el triunfo de Enrique  Peña Nieto había sido por apenas cinco puntos y sin que trajera consigo una mayoría legislativa en ambas cámaras. Si quería sacar adelante su agenda de gobierno, el PRI estaba obligado a construir acuerdos y pactar con los demás partidos: el suyo sería un gobierno dividido. Ante esta situación, trágica para ellos, los asesores peñistas dedicaron cinco largos meses a construir una estrategia que les garantizara gobernabilidad y evitara la parálisis. La idea resultante no sonaba nada mal: hacer un gran acuerdo nacional con los dos partidos de oposición, incorporando muchas de sus demandas históricas, a fin de diseñar juntos una agenda que permitiera el desarrollo del país.

En el caso del PAN, tal acuerdo generó, como era lógico, justificado escepticismo. Pero pudo más la responsabilidad y la altura de miras, así como la fidelidad a la propia historia. El convencimiento de que México no podía esperar más tiempo reformas que eran indispensables. La cabal convicción de que no se podía pagar con la misma moneda, por el bien del país, la mezquindad del obstruccionismo priista durante los doce años de gobiernos panistas. Este gran pacto, además, incluía reformas que tanto Vicente Fox como Felipe Calderón hicieron en su momento: era verdaderamente esquizofrénico oponerse a ellas.

Hoy, más de cuatro meses después de la firma de aquel pacto que prometía ser un hecho inédito en la historia del país, vemos que el gobierno sacrificó lo más por lo menos y le ganó la tentación electoral sobre el compromiso nacional. La civilidad política pasaba a un segundo plano ante las catorce elecciones, una de ellas de gobernador, que habrán de llevarse a cabo en julio. La lógica del carro completo terminó siendo más atractiva que la de construir acuerdos, sacar adelante reformas y respetar la palabra.

Los escandalosos audios de Veracruz pero sobre todo la inacción del gobierno federal frente a ellos (la frase "no te preocupes, Rosario" ya promete ser un clásico de la desfachatez y el cinismo) han puesto sobre las cuerdas un pacto al que el PAN acudió con una buena voluntad que hoy algunos ya consideran ingenuidad ante las pillerías demostradas de su interlocutor. Otra evidencia de ello es que el PRI-Gobierno tampoco cumplió un compromiso que se estableció meridiano hace tan sólo unas semanas: las reformas políticas y electorales irían antes que las económicas y fiscales. A través de un chapucero albazo legislativo que incluyó el maltrato a dos diputados panistas presidentes de las comisiones de Hacienda y Economía, el PRI logró sacar adelante sendas reformas del IMSS y de la ley minera que, más allá de su contenido de fondo, debieron transitar cuando se discutiera una reforma fiscal integral.

Así las cosas, queda claro que para el gobierno federal la prioridad es la operación electoral. Que con una mano saluda a los líderes de la oposición y con la otra reparte recursos públicos a discreción para ganar elecciones de forma opaca y fraudulenta. Queda claro que el pacto por México en el que muchos llegamos a creer más parece una gran farsa para asegurarse una mayoría legislativa que avale las reformas que unilateralmente se pretendan hacer.
 
El PAN no debe prestarse a ese juego perverso. Hasta que el PRI-Gobierno demuestre fehacientemente que su prioridad no es la electoral y dé muestras reales, no simuladas, de cumplir su palabra, Acción Nacional debe replantearse si vale la pena seguir sentado en esa mesa.

domingo, 7 de abril de 2013

La farsa contra el hambre

Con bombo y platillo, muy en su estilo mediático y efectista, el Presidente Enrique Peña Nieto echó a andar su programa social estrella, llamado pomposamente "Cruzada contra el Hambre". Este programa va a operar en 400 municipios y se supone que brindará apoyos directos a la población que se encuentra en una situación de pobreza alimentaria.

Sin embargo, al revisar cuidadosamente los municipios beneficiados con este programa nos damos cuenta que no son los reportados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) como los de mayor marginación y pobreza alimentaria, como la lógica y el sentido común indicarían. Más bien, muchos de los municipios incluidos son los que concentran mayor población precisamente en un año en donde habrá elecciones en 14 estados.

Veamos algunos ejemplos:

El municipio de Aguascalientes sí fue incluido en el programa, a pesar de que solamente el 2.3% de su población se encuentra en pobreza extrema. Pero en ese municipio, que este año tendrá elecciones, vive el 70% de la población del estado.

El municipio de San Francisco Tlapancingo, en Oaxaca, es uno de los más pobres de ese estado con casi el 60% de la población en pobreza alimentaria. Uno pensaría que sería un candidato natural para recibir los apoyos de la Cruzada contra el Hambre. Pues no, no está en la lista de los 400 municipios prioritarios. ¿La razón? Tal vez porque no elegirá a sus autoridades de forma ordinaria, sino a través de usos y costumbres, por lo que no podrá aportarle ningún voto al PRI.

En Chihuahua, tres de los municipios que concentran mayor pobreza alimentaria son Batopilas, Urique y Balleza. No están incluidos en la Cruzada contra el Hambre. Sí lo está, en cambio, la capital Chihuahua, en donde vive la mayoría de la población, aun cuando sus tasas de marginalidad sean realmente bajas.

En Yucatán no fueron incluidos dos de los municipios más pobres, como Chemax o Yaxcabá, y en cambio sí lo fue Mérida, en donde la pobreza extrema es de tan sólo el 3.3% pero en donde vive la gran mayoría de la población del estado.

Y así nos podríamos ir estado por estado y veríamos estas inconsistencias. De hecho, si hacemos una sencilla correlación estadística entre el porcentaje de la población municipal con carencias alimentarias y ser municipio beneficiado del programa, llegaremos a un número realmente bajo: 0.36.

No hay, pues, criterios técnicos, objetivos y rigurosos de política pública bien focalizada en esta Cruzada contra el Hambre. Más bien hay populismo electorero y clientelar, lo que supone sin duda un enorme retroceso en lo que a política social se refiere. Otra vez vemos a los programas sociales como instrumentos al servicio no de los ciudadanos sino del gobierno para ganar elecciones. Regresan, junto con el PRI, esas prácticas que poco a poco se habían superado. La restauración está en marcha.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Don Paco

Lo recuerdo caminando con las manos atrás, meditando, en actitud de reflexión permanente. Siempre cordial y amable, no era un hombre de risa fácil sino de sonrisa sagaz que expresaba un humor fino y elegante. A todos les hablaba "de usted", salvo que alguien previamente lo tuteara. No entendía la moda actual de saludar de beso a las damas, él prefería, a la usanza tradicional, simplemente estirar el brazo e inclinar la frente. Así era don Francisco Calderón Quintero, fallecido el pasado 1 de noviembre a los 83 años.

Don Paco era un aristócrata de pro. Primo de José Vasconcelos y amigo de Daniel Cosío Villegas -ambos fueron testigos de su boda-- , en su muy temprana juventud militó en el sinarquismo y en los grupos que se resistían a la política revolucionaria de exterminación de la libertad religiosa. Contaba con emoción cómo su padre, "un hombre honorable", tenía que esconderse para practicar su fe. Años después, se convirtió en un economista destacado que estudió como pocos la historia de México y que fue maestro de decenas de generaciones.

Fue director general del Consejo Coordinador Empresarial en una época convulsa para el país, cuando las crisis económicas comenzaron a hacerse costumbre y cuando la dialéctica gubernamental imitó los peores discursos bananeros de lucha de clases. Don Paco se convirtió en uno de los más influyentes ideólogos del sector privado, en ese momento extraordinario en que muchos empresarios dejaron de lado sus reducidos intereses personales y decidieron participar en la política del bien común y convertirse en protagonistas de la transición mexicana.

Los últimos 15 años de su vida fue director de estudios económicos de la Fundación Rafael Preciado Hernández. Desde ahí colaboró en las plataformas panistas, en cursos, en documentos y en todo tipo de actividades para generar ideas que permitieran alcanzar "una economía ordenada y generosa", como él mismo decía haciendo una analogía con el lema de Acción Nacional, partido en el que militó con orgullo y del que estuvo a punto de ser legislador en 2000, cuando una injusta resolución del Tribunal Electoral se lo impidió.

Humanista erudito, Don Francisco Calderón Quintero era un caballero "de los de antes". Encarnaba unas cualidades que hoy ya no son la moda: el valor de la palabra, la importancia del buen nombre, el sentido del honor, el respeto a la formalidad, el cultivo de la sobriedad, la posesión de una cultura universal. Su muerte nos deja en claro, también, cuánto echamos en falta hoy en día esos valores y esas virtudes. Lo vamos a extrañar.

domingo, 2 de septiembre de 2012

San Lázaro

El Palacio Legislativo de San Lázaro es un mundo. Es enorme. Más que un recinto legislativo parece el campus de una universidad norteamericana. Tiene nueve edificios en donde existen oficinas casi para todo (grupos parlamentarios, comisiones, mesa directiva, secretaría general, servicio social, canal del congreso, protocolo, etc.), así como infinidad de pasillos, jardines, estacionamientos, espacios abiertos y hasta pasadizos. La burocracia sindicalizada y basificada abunda (como la que ocupa los elevadores para apretar el botón de destino), en detrimento de los asesores técnicos y especializados de cada diputado, que son más bien pocos.

Paradójico que en un Estado como el mexicano donde se ha hecho del laicismo un dogma irrefutable, el Palacio Legislativo que alberga a la Cámara de Diputados tenga el nombre de un santo. No es ciertamente en honor al mejor amigo de Jesús, cuya muerte le generó tal tristeza que con su poder sobrenatural ordenó su resurrección, según consta en el relato evangélico. No, más bien el nombre proviene de que ahí se encontraba la antigua Estación de Ferrocarril de San Lázaro, aunque quizá en su origen remoto el nombre sí tuviera un componente claramente religioso.

El salón de plenos también es gigantesco. Faraónico, diría yo. Se nota que fue construido en el sexenio de López Portillo, clímax de la presidencia imperial mexicana, como la llamó Enrique Krauze. A diferencia de otros parlamentos en el mundo, en el mexicano los legisladores no nos podemos ver cara a cara. Más que un hemiciclo es un gran auditorio. Todo está dispuesto para ver al orador. Fue hecho en el esplendor del priismo para que el Presidente tuviera su espectáculo glorioso el día de su informe.

Este lugar ha sido la sede de eventos memorables. Aquí falleció de un infarto, en plena tribuna, el diputado panista Carlos Chavira, quien protestaba contra el fraude electoral de Baja California en 1983. Aquí se produjo la primera interpelación a un Presidente de la República en la historia moderna, cuando en 1988 el senador Muñoz Ledo increpó a Miguel de la Madrid. Aquí se instaló en 1997, contra toda la fuerza del PRI, entonces comandado en San Lázaro por los hoy ínclitos neodemócratas Arturo Nuñez y Ricardo Monreal, la primera legislatura posrevolucionaria con mayoría opositora. Aquí tomaron posesión Vicente Fox, el primer Presidente de la alternancia, y Felipe Calderón, en medio de la violencia física y verbal de los perredistas.

Muchas historias han pasado por San Lázaro. Aquí se han visto diputados representantes de intereses inconfesables, legisladores que han faltado a la confianza depositada en ellos. Pero también este lugar ha sido testigo de intensas negociaciones y acuerdos que gradualmente y si bien es cierto que de forma insuficiente han permitido el progreso de México.

Inicia una nueva legislatura. Otra vez el imponente Palacio de San Lázaro está de manteles largos.  Es un momento propicio para recordar que los legisladores tenemos en nuestras manos una enorme responsabilidad: dignificar la tarea legislativa y construir una nueva cultura democrática. Que este lugar sea una manifestación de civilidad, un instrumento fundamental de la sociedad abierta, un espacio para el encuentro con el otro y, por lo tanto, genuino factor de entendimiento entre todas las maneras de pensar.

Decía Carlos Castillo Peraza, quien por cierto fue diputado en San Lázaro, que la política tiene que ser generadora de esperanza. Se debe poder esperar algo de la política, los hombres y las mujeres concretos deben poder esperar algo de la política y de los políticos. Y siendo San Lázaro uno de los lugares en donde más política se hace, tiene que ser también de los que más esperanza genere.